jueves, 6 de septiembre de 2012


Juan y Yo en la Isla

    Me llamo Martín, tengo 14 años, me gusta jugar al fútbol y mis amigos dicen que soy muy chistoso y divertido. Quiero contarles lo que me sucedió un día por ser un niño curioso y aventurero.
    Una mañana de verano estábamos con mi primo Juan caminando. Juan, es mi primo preferido, tiene 12 años, es un poco gordito, no le gustan mucho los deportes y solo le gusta andar en su moto de agua.Mientras caminábamos pasamos por una casa extraña que parecía estar abandonada. Mi primo es muy miedoso, pero yo soy arriesgado y quise entrar para ver que había allí. Logré convencerlo y entramos.
    La casa era muy grande, enorme, tenía dos pisos, pero estaba descuidada. Había varios vidrios rotos, muebles tirados y cucarachas y ratones por todos lados.
—    No me gusta este lugar, es horrendo ¡Quiero irme a casa! — me dijo Juan asustado.
—    No te preocupes, no pasará nada. Mirá esa escalera. ¡Subamos!.— le dije.
    Subimos y encontramos una habitación gigante que tenía un mapa tirado. Los dos miramos fijamente el mapa, nos acercamos a él, yo lo agarré y me di cuenta de que mostraba la ruta para encontrar un tesoro.
—    ¿Tenés tu moto de agua en el muelle?— le pregunté a Juan
—    Si, pero no tiene nafta. ¿Querés ir a pasear por el río?— me dijo.
—    ¡No! A pasear no. Este mapa muestra el camino para llegar a una isla donde hay un tesoro y la única forma de llegar es por el río.
—    ¡Estás loco! Mi mamá se enoja si me alejo mucho del muelle.
—    No seas cobarde, anímate, vamos juntos. Además la tía se pondrá contenta cuando volvamos con el tesoro— le dije.
—    Bueno, está bien— me contestó.
    Fuimos al muelle, le pusimos nafta a la moto y partimos a la isla.
    Cuando llegamos al lugar, vimos que era una isla con muchos árboles, había muchas plantas y animales y podíamos ver chozas a lo lejos. Nos acercamos a las chozas y nos encontramos con personas que hablaban otro idioma, estaban casi desnudos y tenían peinados raros. Al vernos, se acercaron a nosotros y nos llevaron a una especie de castillo donde vimos a una hermosa mujer llamada Matilda que, por suerte, hablaba como nosotros.
Matilda era una hermosa joven, con una corona en su cabeza y un bastón de oro. Ella nos dijo que era la reina del lugar y que sabía del tesoro.
—    ¿Dónde está?—le pregunté ansioso
—    Está aquí, es lo que ves.
—    No entiendo nada— le dije.
—    La isla, su gente, la belleza de este lugar es el tesoro.
Entonces entendimos todos y después de charlar con Matilda y prometerle que no diríamos nada sobre la isla y que vendríamos a visitarla de vez en cuando, nos fuimos de ahí.