Juan
y Yo en la Isla
Me llamo Martín, tengo 14
años, me gusta jugar al fútbol y mis amigos dicen que soy muy chistoso y
divertido. Quiero contarles lo que me sucedió un día por ser un niño curioso y
aventurero.
Una mañana de verano estábamos
con mi primo Juan caminando. Juan, es mi primo preferido, tiene 12 años, es un
poco gordito, no le gustan mucho los deportes y solo le gusta andar en su moto
de agua.Mientras caminábamos pasamos por una casa extraña que parecía estar
abandonada. Mi primo es muy miedoso, pero yo soy arriesgado y quise entrar para
ver que había allí. Logré convencerlo y entramos.
La casa era muy grande,
enorme, tenía dos pisos, pero estaba descuidada. Había varios vidrios rotos,
muebles tirados y cucarachas y ratones por todos lados.
—
No me gusta este lugar, es horrendo ¡Quiero irme a
casa! — me dijo Juan asustado.
—
No te preocupes, no pasará nada. Mirá esa escalera.
¡Subamos!.— le dije.
Subimos y encontramos una habitación
gigante que tenía un mapa tirado. Los dos miramos fijamente el mapa, nos
acercamos a él, yo lo agarré y me di cuenta de que mostraba la ruta para encontrar
un tesoro.
—
¿Tenés tu moto de agua en el muelle?— le pregunté a
Juan
—
Si, pero no tiene nafta. ¿Querés ir a pasear por el
río?— me dijo.
—
¡No! A pasear no. Este mapa muestra el camino para
llegar a una isla donde hay un tesoro y la única forma de llegar es por el río.
—
¡Estás loco! Mi mamá se enoja si me alejo mucho del
muelle.
—
No seas cobarde, anímate, vamos juntos. Además la tía
se pondrá contenta cuando volvamos con el tesoro— le dije.
—
Bueno, está bien— me contestó.
Fuimos al muelle, le pusimos nafta a la
moto y partimos a la isla.
Cuando llegamos al lugar, vimos que era una
isla con muchos árboles, había muchas plantas y animales y podíamos ver chozas
a lo lejos. Nos acercamos a las chozas y nos encontramos con personas que
hablaban otro idioma, estaban casi desnudos y tenían peinados raros. Al vernos,
se acercaron a nosotros y nos llevaron a una especie de castillo donde vimos a
una hermosa mujer llamada Matilda que, por suerte, hablaba como nosotros.
Matilda era una hermosa
joven, con una corona en su cabeza y un bastón de oro. Ella nos dijo que era la
reina del lugar y que sabía del tesoro.
—
¿Dónde está?—le pregunté ansioso
—
Está aquí, es lo que ves.
—
No entiendo nada— le dije.
—
La isla, su gente, la belleza de este lugar es el
tesoro.
Entonces entendimos todos y
después de charlar con Matilda y prometerle que no diríamos nada sobre la isla
y que vendríamos a visitarla de vez en cuando, nos fuimos de ahí.