Un espejo, una señal
Una mañana una mujer que se llamaba Claudia
asistió a una entrevista de trabajo. Tenía veinticuatro años, era viuda y madre
de tres hijos. Su marido había muerto en un accidente de tránsito hacía cinco
años. Claudia lo recordaba diariamente, lo extrañaba mucho y se sentía muy
sola. Ella necesitaba trabajar para mantener a su familia y estaba buscando
trabajo hacía algunos meses. Según decían sus vecinos, la habían despedido de
su empleo anterior porque se comportaba de una manera extraña, cuentan que una vez fue al baño y rompió un espejo porque
vio en él a su esposo muerto hablándole.
La persona que tenía que entrevistar a Claudia no había llegado y
entonces la hicieron esperar en una oficina donde le dieron un rico café. Ella
estaba muy nerviosa y se empezó a inquietar, se movía de un lado a otro, parecía
un león enjaulado. Fue en una de esas movidas cuando se topó con un cuadro que
le llamó la atención, lo miró y lo agarró. Era extraño: tenía la imagen de una
madre con sus tres hijos. A Claudia le llamó la atención eso, pero no le dio
mucha importancia.
Ya era el mediodía y el señor no llegaba. Claudia cansada de esperar,
estaba a punto de irse, cuando de repente se dio vuelta y vio que el cuadro
giraba en dirección a una puerta. Entonces, Claudia se dirigió hacía allí, la
abrió y cuando la atravesó, ingresó a una habitación llena de espejos. En todos
estaba la imagen de su marido que con una sonrisa le decía que estuviera
tranquila, que pronto encontraría trabajo. En ese instante se escuchó la voz de
un hombre que decía:
― Buen día, soy el señor González,
el jefe de esta casa de diseño e indumentaria.
Esta es la habitación donde las
modelos se hacen las pruebas de ropa que saldrá a la venta; por eso, como vio,
está llena de espejos, ¿comenzamos con la entrevista?
― Por supuesto. Soy Claudia Vega,
diseñadora de modas.
La entrevista duró casi una hora,
Claudia consiguió el empleo y se sentía feliz
Mejor, Mati.
ResponderEliminar